El uso de drogas, llamadas fuertes, parece no ser un mal de fin y cominzo de este de siglo. En un artículo firmado por Serafín Paredes, ya se cuestiona la aparición de vicios.
"Vicios que no se ven, pero se adivinan. Vicios que esparcen alrededor de cuantos los cultivan un tufillo penetrante, un airecillo a droga muy mucho más aristocrático que el de Moskaris o del Opoponax"
Y entre los de clase baja.
"Filipichines aplanchaditos que, tras sacar debajo del junco los pantalones y la Americana y hacerle la barba a los puños y el cuello con las tijeras de la costurera vecina, se echan a la calle a ver a quien descrestan y como consiguen, no ya para el ron y la mistela – que eso lo apuran a costa de los amigos JAI, en casa de ciertas amiguitas – sino para el éter y la morfina, el hatchiss y la cocaína, siquiera sean falsificados".
Llama a estos eterómanos y morfinómanos.
10 de octubre de 1918, Periódico EL DIA