El «Papillón» que no se voló de Barranquilla

April 6, 2006

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Los prófugos de la Isla del diablo descienden del coche celular en Puerto Colombia, en medio de una fuerte escolta. Serán embarcados nuevamente a la famosa Isla de donde se fugaron y vinieron a dar a estas tierras.

De cómo vivió Henry Charriere, el preso más peligroso del mundo,tras las rejas de la cárcel de Obando

Por Helkin A. Nuñez C.

Henry Charriere, conocido por sus celebres fugas de varias cárceles, estuvo confinado por espacio de varios meses, durante la década de los treinta, en una prisión de la ciudad de Barranquilla. Este ex convicto francés más conocido con el sobrenombre de «Papillón», sería reconocido por el mundo entero al publicar, a finales de los años sesenta las memorias de su vida; obra testimonial en la que centra su estadía en las colonias penales de la Guyana Francesa y su incansable esfuerzo por fugarse. Charriere hace un buen resumen histórico de su estadía en la arenosa, sus amigas del barrio abajo y pormenores de sus meses en la «Ochenta» intentando escapar al igual que lo hizo de otras penitenciarias.

De esta forma esta historia llega al Barrio Abajo. Charriere es apresado en Santa Marta y remitido a la cárcel de Obando bajo estricta vigilancia debido a su alta peligrosidad y constantes planes de fuga; allí es confinado con otros nueve prófugos franceses. Durante varios meses las medidas de seguridad en la prisión fueron de extrema responsabilidad, la tranquilidad de la penitenciaria sería alterada por cuatro intentos de fuga liderados por él mismo, con planes de evacuación coordinada.

¿Quién era Papillon?

Papillón fue un ciudadano francés que vivía desde muy joven en la zona del Pigalle de París, famosísimo barrio del bajo mundo. El lumpen bohemio, las prostitutas, y el hampa en general eran sólo algunos de los habitantes de este lugar. Charriere fue acusado de asesinato cuando tenía aproximadamente 25 años, es juzgado y declarado culpable por dar muerte a un ciudadano parisino en el año de 1.931, un 26 de octubre. Meses después es enviado a las colonias penales de la Guyana Francesa.

Estas colonias fueron el fuerte de seguridad penitenciario desde 1.852. Célebre por el encarcelamiento de peligrosos prisioneros traídos de dicho país, un complejo penitenciario cuya capital, Cayena, era famosísima por la temible colonia penal conocida por muchos como la Isla del Diablo. A ésta le seguían otras localizadas en las pequeñas Isla Real e isla San Josepe. A medida que el recluso intentaba fugarse, era aprehendido y trasladado a peores centros penitenciarios con rabiosa vigilancia, pero la astucia haría que este personaje llegara a ser considerado el prisionero más famoso por su demostrada habilidad. Charriere logró escapar en su décimo intento, luego se dedicó a su trabajo como administrador de restaurantes en el vecino país de Venezuela, donde obtuvo el apoyo diplomático que le confirió su anhelada libertad.
Para «Papillón», la espesura de la selva que adornaba estos albergues de castigo, no sería obstáculo para diseñar sus fugas con calculadora frialdad. Luego de tres años de persistentes intentos de fuga, Charriere escapó por primera vez de la prisión de Cayena. En su huida arribó a las costas aledañas a la Sierra Nevada de Santa Marta pero resultó apresado; un nuevo intento suyo de fuga puso en alerta a las autoridades del Magdalena, quienes decidieron trasladarlo a la más segura de la región, la ubicada en el número 46-80 entre las calles Obando y Medellín de Barranquilla. Ahí quedaba la «Ochenta», nuestra legendaria Cárcel de Obando.

Junto a nueve prófugos, “Papillón” fue encerrado en una celda especial y custodiado por numerosos guardianes. Para la época también existía en la ciudad otra Cárcel, la Municipal, pero la Obando era la más segura.

En su testimonio, Charriere dijo:

«Barranquilla es una ciudad importante. Primer Puerto Colombiano del Atlántico, pero situado en el interior del estuario de un río, el Río Magdalena. En cuanto a su prisión hay que decir que es importante, cuatrocientos presos y cien vigilantes. Ha sido organizada como cualquier prisión de Europa….»

«Papillón», había trazado mal su fuga; lo intento en nueve ocasiones, tras purgar cadena perpetua en la Guyana francesa e Isla del Diablo durante 13 años. En cautiverio fue tratado inhumanamente por su alta peligrosidad, factores tomados de primera mano en la narración que este malhechor de origen francés hace de las penurias de los demás presos en estas colonias: celdas de castigo y aventuras por conseguir la libertad que recrea en cada párrafo su obra cumbre.

LOS PRIMEROS EN ESCAPAR

Estas penitenciarías a pesar de contar con un fuerte dispositivo de seguridad, vigilancia las 24 horas del día y relevos selectivos, tenían una gran debilidad: la existencia de una vía marítima cercana. Con anterioridad a Charriere, existieron muchos convictos que escaparon por allí y terminaron recapturados en las regiones de la Guajira, el Magdalena y el Atlántico.

En cuanto a estas fugas masivas, la primera de la que se tiene noticia ocurrió a comienzos de 1.933i. El diario local confirmaba en primera página que los 14 detenidos cerca al municipio de Puerto Colombia, eran prófugos de Cayena. Según investigaciones del Director del Cuerpo de la Policía Departamental, los reclusos fueron apresados en inmediaciones del faro que todavía existe, «Morro Hermoso». Al ser descubiertos, mintieron diciendo que habían sido víctimas de un naufragio. La goleta en que viajaban de Kingston para Curazao habría sido, según sus palabras, destrozada por el mar. Los arrastraron hasta el denominado «Rastrillo» de la Departamental.

Resultaron ser nueve franceses, cuatro italianos y un árabe. Sus oficios según dijeron: herreros, carpinteros, mecánicos, etc. Inmediatamente el cuerpo consular francés fue puesto al tanto por las autoridades holandesas. El escape de once presos del penal francés Cayena fue relacionado con la detencion de los hombres. La mayoría, al momento de su captura carecían de papeles de identidad. Solamente un italiano, Pettini Bernardo Prieto, recobró su libertad al confirmar con documentación en regla ante la legación de Bogotá y el cónsul de Italia, que era un ciudadano de bien.

Los controles de seguridad local de la época conocían la ruta de estos prófugos de la justicia que, por las condiciones que brindaba la rada de Sabanilla, aseguraban la entrada en horas nocturnas por estos lugares solitarios. Una vez apresados, los extranjeros elevaron una petición muy interesante ante el Ministerio de Gobierno: se brindaron defender la soberanía colombiana en aquellos momentos de guerra con el vecino Perú, si los incorporaban a la Armada Colombiana o al Ejercito Nacional. En muchas de estas detenciones, los sospechosos argumentaban su estadía con el propósito de solicitar ocupaciones generales en los trabajos del Canal de Panamá.

En los meses siguientes otros seis franceses fueron capturados en iguales circunstancias y separados por seguridad. Sus tatuajes de arabescos, figuras de mujer y otros mensajes corporales daban la alerta inmediata. Eso despertaba en seguida sospechas sobre su condición de prófugos de un lugar concreto: ¿Cayena? ¿Isla del Diablo?

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